Crisis civilizatoria occidental y teología

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Desde unas dos décadas, se hace cada vez más patente que las múltiples crisis que atraviesa el planeta, no son simplemente crisis sectoriales (financiera, económica, ecológica, espiritual), sino que se trata de una crisis del modelo civilizacional occidental, tal como hay sido llevado a un extremo desde el Renacimiento, pero de forma acelerada y globalizada en los últimos cincuenta años.

Este modelo tiene, aparte de la filosofía helénica (grecorromana), como raíz fundamental también a la tradición espiritual-religiosa del judeo-cristianismo. Cabe preguntarse entonces: ¿En qué medida, esta tradición contribuyó, directa o indirectamente a la crisis actual? ¿En qué medida y cómo podría ser también parte de la solución? Hay posturas dentro de la tradición cristiana que siguen defendiendo a rajatabla que la teología esté intrínsicamente “casada” con el espíritu occidental, sea en forma del helenismo neoplatónico (Benedicto XVI), sea en forma de una supuesta “cultura” cristiana en contra de los acechos del Islam (EE.UU. y sus lacayos).

Europa tiene una tradición de liberalismo y secularización, debido al proceso de la Ilustración, el racionalismo filosófico y la imposición “dogmática” del cientificismo positivista. Esto se plasmó en una teología “liberal” y “dialéctica” en el caso del protestantismo, y en una teología a la defensa contra el modernismo en el catolicismo, al menos hasta el Concilio Vaticano II. Aunque en el siglo XX, en Europa había posturas innovadoras como la “teología política” y la “teología feminista”, la “teología después de Auschwitz” y “teología ecológica”, las grandes innovaciones teológicas vinieron del Sur global, sobre todo a través de la Teología de la Liberación y de EATWOT o ASETT (Asociación Ecuménica de Teólogos/as del Tercer Mundo).

En este siglo XXI, la teología europea sigue apostando por el proceso de secularización, como un proceso inherente a la tradición judeocristiana, con la consecuencia de un repliegue de la teología a las universidades y academias, por un lado, y a los seminarios denominacionales, por otro lado. El proceso de secularización está tan avanzado que la teología como tal ya no juega un papel preponderante en la sociedad, y las iglesias sufren de graves crisis institucionales y de legitimidad. Al mismo tiempo, se da el fenómeno de una cierto “renacimiento” de lo religioso, ya no en sus formas institucionales, sino como formas de vida “posmoderna” (identidades patchwork). Europa se ha convertido, en los últimos treinta años, de un continente relativamente homogéneo respecto al campo religioso, a un continente multirreligioso, con todos los problemas que conlleva.

En la actualidad, la teología europea también está en crisis. No sabe responder a los desafíos de la crisis civilizacional (o ni toma conciencia de ella), y queda bastante indefensa ante el desafío plurirreligioso (Islam sobre todo). Hay intentos de reintroducir una Teología de la Liberación europea que gira en torno a las desigualdades cada vez marcadas en las mismas sociedades europeas, el planteamiento de posturas pos-seculares y teologías plurales del pluralismo religioso. Por otro lado, hay voces que abogan por un retorno a posturas premodernas, satanizando a la Ilustración como obra de la hybis humana, sobre todo en sectores evangelicales.

Mientras que el cristianismo se ha desplazado, en los últimos cuarenta años, del Norte al Sur (la “tertiaterreneidad” del cristianismo), la teología normativa sigue siendo la teología académica europea y norteamericana, como si nada hubiera ocurrido. El proceso de “deshelenziación” y “desoccidentalización” de la teología no se da en Europa – salvo contadas excepciones -, sino en el Sur global, por ejemplo en el surgimiento de las “teologías indias”. Todavía existe un fuerte eurocentrismo conceptual y académico que carece completamente de la base de gente de a pie. Se mantiene tercamente la tesis que el cristianismo esté estrechamente ligado a la herencia civilizacional occidental (helenismo; modernidad ilustrada; posmodernidad), con tal de que la crisis civilizacional actual conllevaría una crisis no sólo de la teología europea, sino del cristianismo como tal.

 

José Estermann